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                                                       Hijas de María Auxiliadora - Provincia San Gabriel Arcángel - CHILE

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Liceo María Auxiliadora - Punta Arenas
Posición:
Liceo Científico Humanista
Dirección.:
Avenida Colón 763
Punta Arenas
Chile
Teléfono:
+56 061 2292700
Fax:
+56 061 2292711
Información general:

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La obra de las Hijas de María Auxiliadora comenzó por el sur, por Magallanes, cuando el 3 de Diciembre de 1888, en una nave inglesa, arribaron a sus playas, desde Turín vía Marsella, cinco religiosas:

Madre Angela Vallese, Sor Rosa Masobrio, Sor Luisa Ruffino, Sor Angela Marmo y Sor Luisa Nicola.

Monseñor Fagnano había solicitado su envío a Don Miguel Rúa, sucesor de Don Bosco, por ser ello indispensable para que la acción salesiana en la zona alcanzara la necesaria amplitud y proyección.

Las recién llegadas se establecieron en la casa esquina de Colón y Magallanes, donde se levantaría el Instituto (después Liceo) María Auxiliadora, primera obra de las Hermanas en Chile.

Significativamente, dicho sitio marcaba por entonces el límite norte de la incipiente ciudad, a modo de un símbolo de lo que de ellas se esperaba en pro de su crecimiento y progreso.

Apenas cinco días mas tarde, el 8 de Diciembre, las religiosas celebraron la fiesta de María Inmaculada, con una misa a la que concurrieron apenas 20 de las 1500 personas que residían en Punta Arenas, y en la tarde abrieron el Oratorio Festivo.

Eran señales claras del empuje y generosidad con que venían decididas a ejercer su apostolado.

En marzo de 1889, con 13 alumnas, se iniciaron las clases del colegio. Ese mismo año se inauguró su Internado, con 4 niñas de raza aborigen. Su crecimiento fue apreciable. La matrícula se aproximaba a dos centenas a los diez años, y en 1917, al incorporarse al plantel los cursos de Humanidades, dicha cifra se había duplicado. En 1945 era Liceo completo, con segundo ciclo incluido.

En torno al colegio pronto surgieron la capilla, las asociaciones religiosas, las instalaciones de apoyo a la enseñanza, los estamentos de la comunidad educativa,las actividades extraprogramáticas, en fin, todos los elementos que pudieran contribuir a una formación realmente integral de la juventud femenina y a una benéfica irradiación en el medio. Hoy el Liceo supera con creces el millar de educandas, y por su calidad ha ganado un bien merecido prestigio en todos los sectores.

Obviamente, como casa matriz, durante largos años se estableció en María Auxiliadora de Punta Arenas la superioridad de las religiosas para la Patagonia y para el país. Desde allí comenzó a irradiarse su obra por más extensos ámbitos geográficos. Inicialmente, la Tierra del Fuego. Desde 1890, al principio con sólo dos Hermanas, se estableció en Isla Dawson la segunda casa, que fue centro misionero en favor de la población indígena durante casi un cuarto de siglo, hasta que el gobierno de la época decidió un nuevo régimen legal de propiedad de la isla.

Luego, la Patagonia meridional, con la Misión de la Candelaria, en Río Grande (República Argentina), desde 1895.

Entre una y otra, florecieron las primeras obras de las Hijas de María Auxiliadora en el centro de Chile: en 1893 y 1894, respectivamente, la Casa de San Miguel Arcángel y el Liceo de María Auxiliadora, ambos en Santiago; en 1894, el colegio Santa Teresita, de Talca.

En el filo entre dos siglos, las Hermanas extendieron su acción hasta muy al norte, al establecer en 1900 el Colegio María Auxiliadora de Iquique. Después vinieron, en la zona austral, el Instituto Sagrada Familia de Punta Arenas (1904), el Colegio María Auxiliadora de Puerto Porvenir (1908) y el Colegio Beata María Mazzarello de Puerto Natales (1923), y , en el resto del país, nuevas y nuevas casas en Santiago, Linares, Molina, Yaquil, Los Andes, Valparaíso, Puerto Montt, Viña del Mar, Valdivia, Santa Cruz, Puerto Aisén, San Bernardo, etc., camino hoy a la media centena.

Es posible, en breves páginas, acometer la historia de cada una de ellas, como ciertamente lo merecen las abnegadas religiosas que han entregado sus vidas y sus fuerzas, por amor a Dios, a María Auxiliadora y a las almas, en cada lugar donde se ha recibido la bendición de su presencia y su actividad.

Por cierto, suman ya mucho más de 200.000 las niñas y jóvenes que han pasado por los colegios de la Hijas de María Auxiliadora en procura de su formación cabal como mujeres y como cristianas, y ese solo hecho - tan fácil de citar en una cifra que se pronuncia en un segundo- revela una labor gigantesca.

Tanto o más importante es reconocer la significación de ese quehacer generoso, traducido en un estilo educativo amasado de fe y de amor, entregado con alegría y con constancia a toda prueba -aún en medio de las mayores dificultades -, dirigido al crecimiento de personalidades sanas y auténticas, siempre fielmente inspirado en la línea esencial y actual de la educación cristiana y en el carisma propio de los Hijos de Don Bosco y las Hijas de María Auxiliadora.

En esa perspectiva, ciertamente no es casual que su presencia en nuestra Patria haya tenido su primer desarrollo -el que marca el énfasis de una empresa- en el escenario austral, donde, sin duda, las necesidades se presentaban con un particular sello de urgencia y gravedad.

"Cuando todavía no se había purificado su ambiente de los efluvios deletéreos emanados del presidio penal existente en la Colonia de Magallanes" -como dice el P. Lorenzo Massa, era muy imperiosa la "preservación moral de la niñez y juventud femeninas".

Aún no se hablaba de la opción por los pobres, pero las Hijas de María Auxiliadora ya la habían asumido visionaria y abnegadamente. La pobreza no era exclusivamente moral, con ser ya ello mucho estar en la raíz de todas las otras expresiones de la pobreza (recuérdese que en lugar denominado San Valentín, en la Isla Dawson, las Hijas de María Auxiliadora establecieron la obra de Buen Pastor, "con la finalidad de ofrecer asilo seguro y preservar de mal a las niñas abandonadas de la ciudad de Punta Arenas "). La había también en sus más dramáticas expresiones de descuido primitivismo. El siguiente testimonio de una de as primeras religiosas, al llegar, es sobrecogedor:

" Un centenar de casa de madera, bajas, pobres, feas, esparcidas en terreno pantanoso. Calles anchas y derechas, pero cubiertas de troncos y árboles quemados. La plaza, cercada, pero a disposición de animales vacunos, equinos y porcinos. aquello parecía un campamento de gitanos, ocupado por personas que solo estaban allí de paso por pocos días".

La niñez estaba desatendida en los aspectos más elementales. Uno de los méritos de que haya abierto el Colegio María Auxiliadora en 1889 en Punta Arenas fue que "con esta nueva escuela, más el Colegio San José de los salesianos abierto el año 1887, se ofreció la posibilidad cierta de educación y enseñanza a la niñez lugareña que carecía de ella por encontrarse entonces cerrada la escuela fiscal mixta".

Si en la ciudad se hacía ostensible la pobreza bajo sus diversas formas, en Dawson y otras sedes de comunidades y ausencia de higiene, indolencia y rusticidad. Y gracias a su obra, en ellas "brotaron flores bellas y perfumadas de santidad y pureza".

Una simple mirada al Magallanes de hoy permite reconocer el fruto de la acción educativa y misionera de las Hijas de María Auxiliadora, manifestado en cristianas y bien formadas madres de familia, profesoras y otras profesionales, religiosas consagradas al Señor y a sus hermanos, mujeres comprometidas en acciones benéficas en favor de los más necesitados, todas ellas nacidas y coparticipantes de un espíritu que es expresión moderna y vitalmente encarnada de la inextricable unión entre el amor a Dios y el amor al prójimo.

Esa misma siembra se bien distingue en todo Chile, en medio de las variables circunstancias de cada lugar, a la ya centenaria señera acción de las Hijas de María Auxiliadora. No puede ser más justificada la gratitud que hoy proclama por su obra el país entero, en particular la Iglesia chilena.

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